martes, 1 de noviembre de 2011

Santos, Difuntos o Fantasmas.Por el blog de X. Pikaza

La profanación mercantil del Halloween (con L. Santamaría)

No me espanta el Halloween como fiesta pagana de origen quizá celta, pero con raíces mucho más extensa, yo diría universales: el culto y recuerdo de la muertos, con lo que tiene de fascinación, pavor y vibración del alma, es una de las bases de la cultura humana (y de la religión). Si un día lo olvidamos, si los muertos dejan de ser “sagrados” en el sentido más hondo del término, dejaremos también de ser humanos.
Me espanta un Halloween sin hondura humana, manejado por comerciantes del dinero y de la conciencia humana. Si triunfa este "Halloween sin Halloween", habremos perdido el temblor y la emoción de la vida, con el infinito temblor sagrado, esperanzado, de la muerte, de manera que nos convertiremos en máquinas, juguetes parlantes, en manos de la pura banalidad o de la máquina económica que todo lo corrompe. Viviremos sin repliegues de misterio en el alma, pues no tendremos alma.
Esto es lo que puede suceder por la vía de un Halloween sin fondo de misterio por la vida y por muerte. Habremos borrado la “fiesta” de los santos y difuntos de todos. Seremos como autómatas en manos del comercio de algunos. No habrá ya santidad de todos, sorpresa ingente por la vida humana, por ser cada vida única y sagrada; no habrá desconcierto infinito e infinita esperanza ante la muerte; no habrá ya humanidad, al menos la que hemos conocido hasta el momento.
De esto quiero tratar en el entorno de estos días de santos y difuntos (para otros de Halloween; 1-2 de noviembre), no para negar el Halloween como posible fiesta de la muerte (¡que yo he celebrado de niño!), sino para darle su sentido antropológico, religioso, que no es comercial, sino de apertura al misterio de la vida.
Como otras veces, he tomado "de prestado" un texto de L. Santamaría, que fue
alumno y es amigo, compañero. Gracias por lo que haces, Luis.
1. El Halloween de mi abuela (=amama).
Celebré un año las fiestas de los santos y difuntos con la amama, en el basherri de Aldekoa/Arrueta. Con ella se podía hablar de todo y así hablamos. Fue una de las más hondas lecciones que me han dado, sobre la vida y la muerte. Yo tendría en torno a ocho año (quizá siete y miedo, quizá ocho y medio)
1. Le dije que me habían dicho que no pasara esos días por delante del Illherri o cementerio (pueblo de los muertos), pues venían los difuntos y metían miedo.
Me dijo que no les tuviera miedo, que pasara por allí contento, que los muertos (Arima-Santuak, almas santas) estaban allí para ayudarnos y enseñarnos. Que les pidiera su ayuda, y que me ayudarían, pues los muertos son santos que ayudan a los niños a crecer y a los hombres a vivir, como ellos han vivido, y mejor todavía, aunque no les veamos.
2. Le pregunté entonces por qué se celebraban muchas misas, con muchas velas en la Iglesia. Le dije también que muchos lloraban, sobre todo las mujeres, y que iban de negro.
Me respondió que las misas no eran para ayudar a los difuntos, sino para recordarles, para saber que todos formamos una gran familia, vivos y difuntos. Me dijo que las velas eran para saber que hay una luz para cada uno, para todos… y que las mujeres lloraban porque recordaban con cariño a los muertos, sabiendo que un día todos los que hemos vivido en el mundo nos encontraríamos en Dios.
3. Entonces le pregunté por qué había dos fiestas, una de difuntos y otra de santos, que me parecía que los santos ya disfrutaban en el cielo y los difuntos seguían sufriendo en el purgatorio o el infierno.
Ella me dijo, con toda decisión, que las dos fiestas eran una misma. El día de los Santos se recordaba a todos los muertos con alegría, porque todos iban a Dios, donde la vida era una Gran Luz, un Gran Amor; entre esos santos se recordaba a algunos en especial, como la Virgen, San Pedro o San Martin, los que estaban en las imágenes de la iglesia. El día de los Difuntos se recordaba a los mismos muertos, especialmente a últimos, a los que todavía recordamos (aitita, osaba Leon…), porque Dios le está recibiendo en su casa del cielo.
4. Yo le dije todavía que había algunos muertos malos, malos, de esos que iban al infierno, y que venían para castigan a los niños, que así me lo había dicho Eneko, y que había que espantarles.
Ella me respondió muy seria que no le hiciera caso a Eneko, porque ningún muerto podía venir a hacernos daño. Además, añadió, no podíamos decir que alguno se condenaba, porque Dios es el Más Grande (Jaungoikoa haundiena da…) y puede llevar a todos al cielo, porque él quiere mucho a todos, porque todos somos sus hijos, y por eso vino Jesús, para abrir las puertas del cielo, de par en par...
5. Pero, entonces, le dije: ¡Amama, todo lo mismo! Si todos se van a salvar a ir al cielo, da lo mismo ser bueno que malo…Ella volvió a responderme muy seria. ¡No todo da lo mismo! Precisamente porque Dios nos quiere tenemos que buenos, y no tener miedo… Por eso tenemos que celebrar y alegrarnos estos días, de los Santos y de los Difuntos, llevar flores, llevar luces… Vamos al etxaurre para buscar flores, luego voy a hacer unos pasteles, vamos a poner luces en casa, para que estén con nosotros los santos y difuntos, y estén contentos…
6. Pero ¿no dices que no se les puede ver, que no les tenga miedo? ¿Para qué poner luces y flores si no les vemos?
− No les vemos, pero ellos están. Están aquí, con nosotros, en la misma casa, están en la iglesia y el Illherri… No les podemos ver, pero están, nos hablan al corazón, sin necesidad de palabras, nos dicen que vivamos, que nos queremos… ¿Sabes quien es el muerto principal? Es Jesús, ya sabes cómo le mataron, pero está con nosotros. Eso es lo que llaman los curas resurrección. Jesús está aquí, diciéndonos lo que nos decía cuando vivió en Jerusalén; y está la Andramari, su amatxu, y están los muertos, todos los muertos, están resucitados, con nosotros. No, no les podemos ver, ni escuchar con los oídos, pero les podemos sentir en el corazón y están contentos porque vivimos y nos queremos. Por ellos podemos vivir..
7. No entiendo, amama. ¿Por qué dices que podemos vivir por ellos, si ya no están?
--¿Cómo que no están? Están, pero no podemos verles, gracias a Dios. Tú no podrías vivir si tu aitita, que ya a muerto, pero está contigo, y no podrías vivir sin Jesús y sin todos los que han muerto para que nosotros podamos vivir. Por eso, aunque estamos tristes porque han muerto nos alegramos, buscamos flores, ponemos luces, vamos a comer pasteles… y después, mañana, iremos a misa, con luces y flores y daremos gracias a Dios por todos los muertos…
Mi amama celebraba así un tipo de Halloween, de rito “pagano” por los muertos, como el que han celebrado chinos y bantúes, celtas y euskaldunes, por siglos y siglos… Pero ese rito era, al mismo tiempo, una fiesta cristiana, una fiesta de gozo por la vida y la muerte de Jesús, en el Illherri y en la Iglesia, en los caminos y en las fuentes.
No sé si he recreado aquel recuerdo de un modo demasiado romántico, pero ha seguido estando ahí, a lo largo de mi vida, con más fuerza que las ideas teológicas que más tarde quise aprender. Por eso, estoy seguro de que un tipo Halloween humano y religioso pertenece a las entrañas de la misma vida. Ese Halloween, no se opone al Evangelio de Jesús, sino todo lo contrario, está en la línea de la fiesta cristiana de la vida.
Pero está llegando un Halloween puramente comercial, que ha perdido su raíces religiosas y se ha convertido en un signo de consumismo banal, que todo lo confunde (muertos y vivos, monstruos y seres humanos) en aras de un comercio que Cristo quiso expulsar del templo de la vida humana. Para exponer su riesgo tomo unas palabas de Luis Santamaría, que fue alumno, que es compañero y amigo.
Otro año más. La calabaza horadada con una luz misteriosa ya nos es demasiado familiar. Una celebración pagana, de origen celta (es decir, europeo), de vuelta al viejo continente por el efecto macdonalizador de la gran potencia cultural actual (es decir, estadounidense), llena tiempos y espacios. Desde las escuelas hasta las fiestas populares, desde las costumbres de los hogares hasta las programaciones de las administraciones públicas, este evento extraño a nuestra cultura, y con claras raíces ocultistas, se va implantando sin respuesta crítica alguna, prácticamente.
Mientras en otras latitudes los cuerpos policiales extreman la precaución ante el incremento en torno a esta fecha de secuestros de niños y otros sucesos protagonizados por sectas satánicas y grupos similares, aquí asistimos a la alegre adquisición de una fiesta más.
Es preocupante observar cómo se asocia esta fiesta, además, a las dos celebraciones cristianas que ocupan estos días y que aún tienen un amplio efecto social, más o menos secularizado: la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos. Si ya hay confusión entre las dos memorias litúrgicas, puesto que la consideración civil no laborable del primer día hace que la visita a los cementerios y el recuerdo de los seres queridos fallecidos superponga el día 2 de noviembre a la jornada anterior, resulta que ahora se suma el Halloween por esta coincidencia de fechas.
Las celebraciones contiguas de los Santos y los Difuntos ofrecían (y siguen ofreciendo, por supuesto) una ocasión para recordar el sentido que la fe cristiana da a la vida y a la muerte, y cómo hay que prestar atención a “las cosas últimas”, con una perspectiva preñada de esperanza, porque la meta final del hombre es la vida con Dios, anticipada ya en la resurrección de Cristo y en la bienaventuranza de una multitud incontable de santos.
Son dos fiestas de luz, aunque la segunda traiga consigo un inevitable poso de nostalgia por los que ya no se encuentran con nosotros. Por el contrario, la fiesta de Halloween asocia la muerte a algo oscuro, invoca la presencia de seres ocultos y brujas, y en el caso de trivializar todo esto, al convertirse en un acontecimiento infantil (es decir, comercial, no lo olvidemos) lleno de disfraces y caramelos, trivializa también el acontecimiento inevitable y profundamente humano de la muerte.
Me permito hacer esta cita, muy significativa: “la sociedad no se reconoce mortal, ni reconoce la presencia de la muerte en nuestras vidas, lo que genera severos problemas. El extrañamiento de la muerte supone cerrar la muerte a la realidad vital, al envejecimiento e implica una falta de aceptación de las edades del hombre. Vivimos bajo la ficción de la eterna juventud, del bisturí y del ‘complejo de Peter Pan’, que hace que el adulto sea incapaz de asumir responsabilidades”.
No, no es de Benedicto XVI, ni de ningún obispo. Es de un antropólogo burgalés, Ignacio Fernández de Mata, al pasar por mi ciudad de Zamora a presentar la realidad etnográfica de los ritos funerarios en estas tierras. La consideración ocultista acaba con este planteamiento, y sume al hombre en una existencia sin un sentido concreto que esté basado en una esperanza cierta y en una meta definida.
Info-Ries
Aunque ya estemos metidos de lleno en las fechas, y quizás hubiera sido conveniente una “novena” que abarcara formativa e informativamente todo lo que se celebra en torno a la víspera de Todos los Santos y sus implicaciones neopaganas y ocultistas, dedicaremos algunos artículos de este blog a comentar el tema. Todos ellos, y algunos más, están disponibles en el boletín Info-RIES nº 175 (31/10/10), que acaba de ser enviado a los suscriptores. Recordamos que la suscripción es gratuita en www.ries-sectas.tk.
Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón (España), ha escrito una carta sobre Halloween y las celebraciones cristianas de estos días en el semanario diocesano Hoja Parroquial, que reproducimos a continuación.
En el libro del Apocalipsis podemos leer: “Después miré y había una gran muchedumbre, que nadie podía contar: de toda nación, raza, pueblo y lengua. Estaban de pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos” (Ap 7,9). Así describe San Juan a la Iglesia celeste. Son nuestros hermanos los santos, que nos han precedido en el amor a Dios y al prójimo en el cielo, donde nos esperan e interceden por nosotros. A todos ellos recordamos y veneramos el día 1 de noviembre.
Este es el verdadero sentido de esta fiesta, en la que contemplamos el misterio de la comunión de los santos del cielo y de la tierra. No estamos solos; estamos rodeados por una gran nube de testigos de Dios y de Jesucristo; con todos ellos formamos el Cuerpo de Cristo, con ellos somos hijos de Dios, con ellos hemos sido santificados por el Espíritu Santo. Este glorioso ejército de los santos intercede por nosotros ante el Señor; nos acompaña en nuestro camino hacia el Reino y nos estimula a mantener nuestra mirada fija en Jesús, nuestro Señor, que vendrá en la gloria en medio de sus santos.
Pero hay algo que nos debe preocupar. En los últimos años se está introduciendo entre nosotros -y cada vez con más fuerza- una celebración anglosajona de origen pagano que va desplazando, al menos en el ánimo de muchos niños y jóvenes, la fiesta de todos los santos. Me refiero a Halloween. Un autor ha escrito a este respecto: “… muchos cristianos han olvidado el testimonio de los santos y se sienten más atraídos a festejar con brujas y fantasmas. Este fenómeno es parte de un retorno al paganismo que va ocurriendo gradualmente. Al principio no se percatan de los valores que abandonan ni tampoco entienden el sentido real de los nuevos símbolos. Les parece todo una broma, una diversión inofensiva de la que se intentan lucrar otros. Lo hacen por llenar un vacío, porque los santos ya no interesan y las prácticas paganas y ocultistas ejercen una extraña fascinación”.
Debemos estar alerta ante este fenómeno y no perder el sentido de la fiesta de todos los santos. Esta fiesta nos invita a compartir el gozo celestial de los santos. No necesitamos ponernos máscaras para la celebrar nuestra alegría; en todo caso, mejor sería vestir a nuestros niños o vestirse de santos.
Los santos no son un pequeño número de elegidos, sino una muchedumbre innumerable. En esa muchedumbre no sólo están los santos reconocidos de forma oficial, sino también los bautizados de todas las épocas y naciones, que se han esforzado por cumplir con amor y fidelidad la voluntad de Dios. De la mayor parte de ellos no conocemos su nombre, pero con los ojos de la fe los vemos resplandecer llenos de gloria en el firmamento de Dios.
Los santos no son fantasmas. Son hombres y mujeres que viven ya junto a Dios gozando de su presencia en una alabanza sin fin; ellos son testigos de que la vida junto a Dios para siempre es posible para todos y cada uno nosotros. Al contemplar el luminoso ejemplo de los santos, la Iglesia quiere suscitar en nosotros el gran deseo de ser como ellos: felices por vivir cerca de Dios, en la gran familia de los amigos de Dios. Porque ser santo significa vivir unido a Dios, vivir en su familia, vivir la vida de Dios. Conservemos celosamente el sentido de esta fiesta cristiana.
Halloween: de festividad pagana a elemento de consumo
El experto argentino Roberto A. Federigo, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), ha escrito un artículo sobre la festividad de Halloween. Lo reproducimos a continuación.
Calabazas, brujas, calaveras, duendes, jóvenes con cuernos rojos y tridentes, ¿Quién no los vio alguna vez? Pero en Madrid, Barcelona, Buenos Aires, México D.F., y otras grandes ciudades iberoamericanas es un fenómeno relativamente nuevo y en constante crecimiento. No es la meta de este informe hablar ampliamente sobre sus orígenes, pero sí realizar una breve descripción del porqué de su implante y desarrollo en lugares culturalmente diferentes a los de su origen.
Se dice que la globalización es: un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unificando sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por las sociedades que viven bajo el capitalismo democrático o la democracia liberal y que han abierto sus puertas a la revolución informática, plegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones internacionales.
Otro fenómeno, casi inherente a la globalización, y para muchos uno de los posibles motivos de su aparición, sería la “democracia liberal”. La democracia liberal es una forma de gobierno que entre otras cosas se caracteriza por garantizar los derechos de la propiedad privada, motivo que lleva a que se considere a la globalización como una consecuencia de esa política y por ende una cara nueva de otras ya aplicadas, reconvertidas en neocolonialistas y postmaterialistas.
La década del 90 se caracterizó por el asentamiento de esas políticas neoliberales y el desarrollo del fenómeno de la globalización. Los pueblos hispanos quienes en mayor parte provenían de sistemas políticos autoritarios, dictatoriales o tiránicos, vieron en sus florecientes democracias y sus rápidas recuperaciones económicas, una apertura a nuevas tecnologías, y fundamentalmente a una irrestricta información. Pero la apertura de nuevos mercados, significaría también la llegada de nuevos productos y también de una gradual asimilación de costumbres. Tantos años de de dilaciones tecnológicas y de vacios industriales, generarían una lógica fiebre de consumo producida por las reconversiones monetarias y las importaciones, que se verían reflejadas en algunos cambios de hábitos o en algunos sincretismos.
Esos productos, por supuesto, en varios países necesitaban de una adecuada distribución que en gran parte de los casos fue lograda gracias a la apertura de grandes cadenas de tiendas multinacionales. Así en las bateas de los hipermercados no solo habrían de encontrarse productos más o menos exóticos para la mayoría de los hispanos como: mantequilla de maní, malvaviscos, bates de baseball y árboles navideños sin pesebres ni “Belén” entre otras cosas. Pero hacia finales de octubre, podían verse entre el predominio de colores negros y anaranjados, algunos objetos de espanto, que casi todos, solo conocíamos de las películas hollywoodenses ¿Qué había ocurrido?
Simple: gente con bienestar económico y ávida de consumo; las multinacionales saben de eso. Halloween, la fiesta pagana celta es un buen negocio, en estos tiempos promovida no solamente por sus precursores sino por otros oportunistas como fabricantes de trajes, mascaras, juguetes y golosinas y empresarios de locales nocturnos que incitan a los jóvenes a una imitación foránea de esa “diversión de los exitosos”.
Para finalizar diré que este tipo de festejos no solo atacan y ponen en peligro los tradicionales de nuestros pueblos, sino que además en los últimos tiempos puede verse la transformación de algunas simpáticas y casi inocentes calabacitas, virando hacia el ocultismo, la brujería y la simbología satánica, aunque este será tema para una investigación mucho más profunda.

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